Como volvió se irá
Sin ánimos de ser dramático, el daño de mi computador personal, mi portátil, es casi como si alguien muy importante me abandonara. Como si un día fuera a visitar a esa persona y simplemente no atendiera a la puerta, o al teléfono o los correos electrónicos. O como si me robaran la billetera, aquella donde guardaba una fotografía antigua de mi familia, o de mi primita cuando tenía 6 años, de las cuestiones irrecuperables, y se fuera para siempre.
¿Qué sentiría cuando esa persona, o ese objeto regresara? Por ejemplo, al volver a recibir respuesta de esa persona yo le diría: "Te extrañé, grandísimo huevón. Pero que bueno tenerte de vuelta". Con la billetera seria diferente, porque si fue robada, la encontraría tirada en el piso, con los papeles inservibles para cualquier desconocido tirados por ahí; la recogería, limpiaría y seguramente guardaría las fotografías y todo lo rescatable, no sin antes decirme: "mucho de buenas".
Evidentemente las vainas se dañan, pero no así, no como sucedió este fin de semana. Es ilógico que un computador se dañe por tres días y al cuarto, cuando lo llevo a servicio técnico, el técnico lo conecta y presiona el botón de encendido, funciona. ¿Le faltarian aires diferentes, le sofocan las mismas cuatro paredes? ¿O le tiene miedo al señor cirujano técnico? Se fue y volvió. Lo enterré y luego saqué del hueco. No sé. En un rato organizo las cosas y haré copias de seguridad casi al mismo tiempo que se ejecuta un ciclo de reloj, porque como volvió se irá.
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