Si cruza la línea

Él reposa acostado, sedado, atado de manos y pies, con un tubo de un centímetro de diámetro que entra por su boca hasta su tráquea, y otro, un poco más delgado, que se abre camino desde su nariz hasta su estómago. El primer tubo cumple su misión de ayudarle con la respiración. El segundo, es por donde se le da un poco de alimento para que su estómago juegue. Su piel está seca, sus labios partidos, sus ojos cerrados y pegados por una solución que se le coloca para que no se infecten. El único movimiento percibible es el de su pecho, que se sacude rítmicamente gracias a la respiración asistida. El único sonido, además del respirador, es el de los monitores de vida, que aún no descubro con qué intervalo de tiempo emiten su pitido.

Cada vez que veo esa, la situación de mi papá, me es imposible no pensar en que se encuentra sobre la línea que divide la vida y la muerte. También me hace pensar en todo lo que se va a perder y lo que nosotros, junto con mi mamá y mi hermano, nos vamos a perder de él. Si él cruza esa línea se va a perder el día en que mi hermano reciba su título como galeno, logrado completamente con una beca. Se va a perder que sus hijos le presentemos a nuestras esposas (si alguna vez las conseguimos) y también el conocer a las personitas que le darán continuación al legado familiar, sus nietos. Tampoco tendrá la oportunidad de continuar al lado de su esposa, mi mamá, no volverá a hacerle desayunos los domingos, ni la llevará a la iglesia ni a comer helado. No la verá marchitarse en el ocaso de la vida, ni ella a él. No tendrá la amarga experiencia que tener que acompañarla en su funeral.

Nosotros, por otro lado, seguiríamos honrándole toda nuestra existencia. Por tragarse toda la preocupación y los problemas para él solo,
evitando sufrimientos en su casa. Por estar dispuesto a ayudar a quien
lo necesitara desde la posición en su empresa que cumple cerca de 25
años, que ahora pasa por el peor de sus momentos, ahora que su dueño
está ausente. Y principalmente por todos los sacrificios que hizo para mantenernos saludables y educados, incluso hasta estos días.

Desde su cama, aún enfermo, sedado, quizás sin conciencia, le susurro al oído. Palabras de ánimo, noticias y sobre todo, mi más sincero agradecimiento. Creyendo que, sin importar lo que pase, su misión en el mundo de los vivos se podría dar por cumplida en abundancia. Y rogando al cielo y a la naturaleza, para que lo deje vivir más, ojalá lo suficiente para que no se pierda la mayoría de las cosas que enumero aquí y seguramente muchas más que le tendría la vida preparada.

¿Por qué llamarlos desechables?

Una denominación despectiva hacia la gente que no tiene hogar, ni trabajo, siquiera alguien que se preocupe de verdad en caso de que le ocurriera cualquier cosa: un@ desechable. Una persona que sobrevive de forma miserable de la limosna, la porquería que logra rescatar de los desechos de la gente de bien, y seguramente uno que otro de robos, ya sea hacia otr@s desechables o hacia la ciudadanía.

Se me ocurre que el calificativo desechable tiene que ver con un estorbo, con algo que no sirve. Y de primerazo podría decirse que es verdad: vive del trabajo de los demás, incomoda con sus malos olores y pésimo aspecto, genera temor, como aquella abominación con la que nunca quisiéramos encontrarnos. Esta calificación se la he escuchado a varias personas, arrancando por algunos miembros de mi familia y amigos. Imagino que no emergió naturalmente de sus sagaces mentes, si no que es una opinión general que han escuchado de otros y han adoptado.

A los que utilizan el término desechable, los invito a que tengan en cuenta que sobre toda la capa de andrajos, suciedad y malos olores se esconde una persona, con carne, huesos, un cerebro, sentimientos. Que también habla y piensa como el resto de la humanidad. Y ese humano, que vive chupando boxer (para espantar el hambre), recogiendo basura (para alimentarse, y además reciclar para ganar unos pesos, sí, trabajan) o consumiendo algún narcótico (por adicción, pero también para escapar a la cruda realidad que tienen en su vida) necesita mucho apoyo, aquel que no encontró cuando chico, o en algún punto de su vida antes de sumirse en el estado en el que está.

Para terminar, hay muchas maneras de ayudar a esta gente, enumero algunas rápidamente:
  • Dar alimentos en vez de limosna, ojalá con un tiempo de vida medio.
  • Regalar la ropa que ya no se utiliza. En época de invierno es imperativo porque muchos se mojan y esto les enferma aún más.
  • Llevar mercados a centros especializados en gente de la calle, a iglesias o personas que trabajen para beneficiencia.
  • Trabajar como voluntario, creo que lo que más se necesita es atención médica, asesoría jurídica y educación.


Esta entrada fue escrita como una forma de discusión promovida por el Blog Action Day, que en el 2008 tiene como tema la pobreza.

Acompañando a mi papá

El trabajo de mi papá siempre ha dado para pasear mucho. En una época, él tenía que ir a varios pueblos del departamento a hacer inspecciones de los estados de maquinaria del gobierno departamental, o a planear y dirigir obras de corte civil (puentes, tarabitas, ...). Esto daba pie para que en vacaciones, o los fines de semana, me le pegara como un espectador que disfrutaba contemplar los matices de los paisajes, animales del campo y los sorpresivos cambios de clima, acompañado de las muy apetecidas "paradas técnicas" para atender necesidades fisiológicas, y comer un quesillo, "almojábana", bizcochuelo, avena o arequipe. También frutas, típicas el mango, naranjas y mandarinas, y algunos frutos silvestres como las castañuelas, cachipais y ciruelas (de las rojitas y jugosas, deliciosas). De antemano comprábamos una muestra de cada cosa que comíamos, para llevar a mi mamá y mi hermano.

Durante los viajes mi papá me entretenía con una canción que mi memoria ya ha olvidado, que cantábamos por largo rato hasta que caía dormido. También discutíamos sobre preguntas mías acerca del funcionamiento o naturaleza de cualquier cosa, la cual era respondida desde su perspectiva ingenieril mezclada con su conocimiento empírico del campo, en el que vivió toda su juventud. A la llegada a su sitio de trabajo me presentaba con el personal con el que se entrevistaba, y luego, mientras él realizaba sus labores, yo no desaprovechaba oportunidad para fastidiar a perro, gato, gallina, vaca o cualquier otro animal que se me atravesase.

Más adelante, para "darle vacaciones a la mamá", viajábamos los cuatro, hacíamos el mismo tipo de paradas técnicas, pero como ya éramos más grandecitos, la distracción para los guambitos era nada más y nada menos que las tablas de multiplicar, los ríos y las capitales de Colombia. Algo desagradable tanto en esa época como ahora, porque siempre he sido un tipo que no ha sabido explotar su memoria y que se niega a rendirle tributo.

---
Aún sigo acompañando a mi papá, desde lejos. Incluso desde mis sueños, motivación por la que escribo esta entrada. Me duele en el alma que ya no pueda viajar como antes, sin embargo sigue insistiendo, incluso con esa enfermedad que lo está carcomiendo, poco a poco.

Aún funciona

Hoy en la madrugada ocurrió un hecho fortuito en el apartamento: mi hermano, que llegó "prendo" de un matrimonio, destapó lo que le quedaba de arroz chino, y se puso a ver a eso de las 2 a.m. televisión. Ese aparato no se encendía en al menos dos meses, cuando dieron La Guerra de los Clones en canal Caracol.

Fútbol

Lo único que me gusta del fútbol son las chicas Águila.

Métricas de desempeño y la concepción romántica de la academia

El mundo está lleno de métricas, empezando por las del recién nacido (¿cuánto pesó?), las de los niños (¿cuánto mides? ¿qué tal son tus calificaciones? ¿tus aptitudes para la lectura, los deportes, las artes?) e incluso en la vida adulta (¿cuántas propiedades tienes? ¿cuál es tu salario? ¿con cuántas personas te has acostado?).  Aunque somos una sociedad civilizada, de alguna manera existe selección natural. Sicológica. Selección natural del éxito¹. Métricas de desempeño, como les decimos en al academia.

En la academia el tema de las métricas tiene un componente bien particular, y es que la calidad de un científico se mide por la cantidad de hallazgos que ha reportado, y por el puntaje (de reconocimiento) que tiene la publicación en la cual aparece aprobado ese reporte. Lo último es bien importante, porque indica la rigurosidad en el criterio de evaluación aplicado a las publicaciones.

Uno de los ideales académicos (según mi concepción, a lo que más de uno le llama el "romanticismo académico") es enseñar, acompañar al estudiante en su proceso de aprendizaje, ir guiándolo y finalmente soltándolo a que haga las cosas por sí solo. También es crear un ambiente de discusión sano y lo menos subjetivo posible, mecanismo de construcción de nuevo conocimiento para alimentar y hacer crecer las áreas del conocimiento (grupos de investigación, le llaman).

¿Qué pasa cuando se imponen métricas en el ideal académico? El hecho de que exista un grupo de personas que sientan amor por esos temas no implica el que sean genios. Ni que las cojan fácil. Y cuando se impone una métrica (¡deadline en un mes!) se siente la frustración de no estar haciendo las cosas realmente bien, ni con toda la firme convicción de plasmar su hipótesis en unos experimentos para demostrar que sí tiene razón. Es como cuando se trabaja únicamente por recibir plata, las cosas pierden su esencia.

Nota al final:
Este tema empezó con un sentimiento desagradable sobre las métricas en la academia una mañana de viernes. Y terminó con una conversación (con cerveza en mano) que sostuve con un buen amigo, consagrado completamente a la academia, docencia e investigación.

---
¹Personalmente no me quejo, porque aunque no soy el que está en la cúspide, tampoco soy de aquellos que sirven de alfombra a toda la sociedad.